Mujer y masonería. Algunos apuntes sobre las brechas de género de lo profano en lo sagrado


 



“La mujer no se resigna, se rebela, se revuelve siempre, y cuando todo parece perdido, cree en lo inesperado, cree en el milagro. Digámoslo concretamente: cree en sí misma” . Clara Campoamor Feminista y Masona Iniciada en la Logia Reivindicación de Madrid, España 

A lo largo de la historia de la humanidad la participación y representación de las mujeres en las ciencias, las artes, la política y la filosofía, ha sido invisibilizada restando y opacando el protagonismo de miles de ellas, quienes lograron romper los estereotipos y roles de género impuestos al ser relegadas a los escenarios privados y a las actividades del cuidado en el hogar y la familia, generando desigualdades e inequidades en todos los escenarios de la sociedad, que también se reflejan al interior de la Masonería. Por esta razón, al escribir sobre el papel, rol o lugar de la mujer en la Orden es necesario retomar las palabras de la M:. M:. Teresa Bellido quien plantea que la pregunta que debemos pensar no es si la mujer puede pertenecer a la masonería, sino por qué no debería hacerlo. En este sentido, es preciso recordar que la historia de la mujer en la Orden inicia con la masonería operativa en donde las mujeres y hombres compartían tareas propias de los gremios de construcción sin mayores diferencias. Luego, en el Siglo XVIII, ya en la masonería simbólica, surgen las logias de adopción conformadas por las esposas de los Masones y operadas bajo tutela de los hombres.(Pérez Ana María, 2017) Se dice que la primera mujer en iniciarse fue Miss. Aldworth quien fue encontrada observando la iniciación de su hermano de sangre y quien, como garantía para guardar El Secreto del Ritual, también pasó por su iniciación en 1732 en Irlanda.

Con la iniciación de María Deraismes en 1882 se da origen a la Orden Masónica Mixta Internacional LE DROIT HUMAIN, el DERECHO HUMANO, ampliando no solo la posibilidad de vincular mujeres, sino marcando la importancia del carácter MIXTO de la masonería. Por supuesto, también existe la masonería femenina que surge en el Siglo XVIII y ha sido ampliamente investigada por autoras como Yolanda Alba en su libro “Masonas; historia de la masonería femenina” . Más allá de la historia, es necesario volver al Ritual para comprender que en la dualidad que representan los símbolos masónicos como la luna y el sol, el blanco (el bien) y el negro (el mal) del pavimento ajedrezado y de qué manera las Columnas “J” y “B” , es que se teje la complementariedad, particularmente desde la esencia femenina y masculina que todas y todos tenemos, y que se han visto opacadas, estigmatizadas y prototipadas de acuerdo preceptos de la cultura patriarcal que, como se mencionó, asigna roles de género impactando las posibilidades de realización tanto en la escena privada, en el hogar, para los hombres, como en los escenarios de incidencia pública/política para las mujeres.

Por tal motivo, pensar la construcción de la sociedad desde las profundas diferencias entre hombres y mujeres es una apuesta que definitivamente no deberíamos estar discutiendo ahora mismo; la presencia de la mujer en la masonería lleva siglos y como lo menciona Miriam Roma García (2018), ha impactado incluso muchas luchas feministas, como las dadas en Latinoamérica por la mexicana Laureana Wright, la chilena Gabriela Mistral y en España con Clara Campoamor en defensa de los derechos de las mujeres y por una sociedad más equitativa. Pese a esto, vale la pena preguntarnos ¿por qué entonces seguimos hablando de este tema que ya se ha superado en otros espacios y escenarios?

Debemos seguir hablando de estos temas porque: 

1. Aún se desconocen o ignoran las profundas brechas de género que a nivel estructural crean techos de cristal que impiden la participación, representación y visibilización de manera paritaria entre masones y masonas en los escenarios de poder. 

2. Porque aún se evidencian micromachismos (comentarios, chistes y “piropos”), mansplaining, cultura de cancelación hacia las masonas que cuestionan las estructuras patriarcales al interior de la Orden, e incluso otras Violencias Basadas en Género como el acoso sexual lo cual no solo contradice un pilar tan importante como lo es la Fraternidad, sino que rompe con los espacios seguros que deben ser las Logias y Grandes Logias y Orientes. 

3. Es necesario continuar con los estudios de mujeres y género en la masonería porque debemos fortalecer nuestra confianza, dejar de cumplir solo los roles asignados socialmente, tomar iniciativas e incidir en la toma de decisiones, debatir con altura en los argumentos, abrazarnos en sororidad; en una palabra, debemos EMPODERARNOS aún más y hacer honor a la historia que nos precede como masonas.

En este sentido, debemos cumplir con nuestros deberes masónicos: estar en actitud de aprendizaje y escucha en silencio; glorificar el trabajo con orden, tacto y devoción; y enseñar al ignorante, desenmascarar al hipócrita y abatir al ambicioso. Así, si en nuestro trabajo profano debemos actuar con las enseñanzas de la Orden sea cual sea nuestra labor, en la Orden no podemos ignorar las brechas de género que aún existen y que reconocemos perfectamente por nuestro trabajo profano; hacerlo es un deber masónico para el progreso de la masonería universal y de la Humanidad.

Y aunque cada vez se escuchen y promuevan más eventos sobre la mujer y masonería (incluso liderados por hombres masones) esto no es garantía que realmente se generen cambios, se cierren las brechas mencionadas ni se eliminen las VBG. Una vez más, se trata de vernos y construir de la mano del otro distinto, dialogar entre pares y garantizarla realización efectiva de los DERECHOS HUMANOS para todas las personas sin distinto de raza, sexo, condición social, preferencia sexual o religión. Espero que los apuntes acá presentados contribuyan a la mirada plural necesaria dentro de la sociedad y mucho más al interior de instituciones como la Masonería en donde la tolerancia debe abrazar la diferencia y motivar debates que permitan pensarnos realmente desde la libertad, la igualdad y la fraternidad. Debates protagonizados por mujeres que, parafraseando a Clara Campoamor, “no se resignan, se rebelan, se revuelven siempre, y cuando todo parece perdido, creen en lo inesperado, creen en el milagro. Digámoslo concretamente: creen en sí mismas”